Cosas que también cambian al mundo.
Tal vez en medio de tantos hechos difíciles de asimilar, de esos que hoy en día se nos recuerdan a cada rato, la sangre, la delincuencia, la ferocidad de la naturaleza y las ansias de libertad de otros pueblos; son tan solo algunos a los que tendríamos que sumarle los ya complicados hechos de nuestra existencia propia, el trabajo, los hijos, el dinero, la incertidumbre.
Todo esto pareciera ser solo un manojo de problemas que no tienen fin y que apostan más a que, en un futuro, las cosas definitivamente seguirían igual sin que nada pueda cambiar.
Estos escenarios pudieran ser propicios para quienes ven en las dificultades de esta vida, un caldo de cultivo para vendernos ideas y soluciones mágicas a todos nuestros problemas, atajos pues, a una solución que no por eso deja de ser tentadora. Es probable también, que toda esa problemática acabe recluyéndonos en una especie de esfera protectora pensando que como nada cambia, mejor no hacemos nada y acabamos encerrándonos en nuestro mundo “seguro y libre de conflictos”.
No fuimos creados para eso. Somos seres creados para vivir, para arriesgarnos a ser diferentes. Algunas veces caeremos, pero otras venceremos. La indiferencia no debería ser una palabra en nuestro vademécum de la vida. Siempre será bueno ser autocríticos sin llegar al grado de lacerar nuestra autoestima por no haber alcanzado los estándares de este mundo, esos que se dicen llamar “éxito”.
Cada uno de nosotros, desde el ámbito que le corresponde vivir, puede combatir la indiferencia y cambiar el mundo a su manera. Cada día que luchamos es un día en que, sin importar los resultados, siempre ganamos; pues siempre, hacer algo, será mil veces mejor que no hacer absolutamente nada.
Cada uno de nosotros sabe lo que puede y está dispuesto a aportar y arriesgar en su lucha contra la indiferencia, en su lucha por cambiar al mundo. Cada quien decide hasta qué grado quiere involucrarse en la transformación de su realidad. Lo cierto es que ni el trabajo de los gobernantes, ni de la sociedad va a cambiarlo todo.
Hoy, te invito a que mires a tu alrededor y te preguntes ¿qué puedo hacer para cambiar este mundo?. Si tienes un empleo, da gracias a Dios por él y cuídalo, se buen trabajador. Si tienes a tu cargo gente que trabaja para ti, se buen administrador y gánate su respeto siendo buen patrón. Si eres esposo, sé fiel. Si eres padre, educa y ama a tus hijos.
Cada uno de nosotros puede cambiar al mundo desde su trinchera. No hay motivo ni razón para desanimarse y pensar que todo seguirá igual porque el cambio depende de ti.
Un trabajo bien hecho, un matrimonio fiel, unos hijos con valores, una honradez sin mancha … ¿no son cosas que también cambian al mundo?
Esta artículo ha sido leido 2145 veces. Compártelo:
Mostrando 1 comentario(s) - Añadir comentario
Las opiniones expresadas a continuación son los puntos de vista de los cibernautas y no de la Voz de Umán.
fcarmen [4/5/2011 3:45:36 PM]
Completamente de acuerdo con usted, desde casa somos formadores con principios y libertad o creadores de personas sin valores y con libertinaje.

1