La vela y el hueso
La tarde estaba cayendo ya, el joven Asterio apenas si terminaba de regar las matas del huerto, eran tantas que sus brazos cansados , con muchos esfuerzos, sostenían las cubetas llenas de agua. Los pájaros regresaban a sus nidos, mientras a lo lejos, el canto de la tortolita se escuchaba melancólico, los sakpakales, arrullaban el entorno y los demás pájaros con sus chillidos anunciaban el fin de la jornada.
Asterio fue a llenar de agua los bebederos de las vacas y de los cerdos, mientras veía como las gallinas y los pavos entrababan piando al gallinero; las primeras sombras reflejadas por los árboles daban un aspecto sombrío a toda la granja- quinta.
El muchacho estaba solo, su papá, desde hace un año, le encomendó el trabajo de cuidar la quinta a las afueras de Umán rumbo a Santa Elena; en compañía de dos bravos perros y una escopeta, hacia vela para que los animales salvajes del monte no matasen a las gallinas o evitar que algún ladrón se robase las vacas del establo o los cerdos que con tanto esmero había engordado.
Todo estaba listo, tras ardua jornada, Asterio merecía también un momento de descanso, de todos modos los perros con sus finos oídos le avisarían si algún intruso entrase en la propiedad.
Se sentó un momento en la entrada de la casa, viendo como el cielo estrellado iba apareciendo en el horizonte, mientras los agonizantes rayos del sol desaparecían por igual. El viento fresco de finales de Octubre se dejó sentir, la niebla propia de esa época invadió poco a poco los alrededores. El joven entró a la casa, todo cansado solo atinó a quitarse las alpargatas, y con el andar lento se dirigió a la mesa donde se encontraba la cena que su Madre le había enviado; mordisqueó lento el pan, los panuchos de huevo, y un tamal colado con su tomate picosito encima, dando sorbos de vez en cuando al chocolate caliente aún… con los ojos semicerrados, apenas alcanzó a encender la veladora, poniéndola ante el altar o santo como le decía su madre.
Con sus últimas fuerzas tendió su hamaca de soskil , se cubrió con su cobertor y cayó cual largo era en el mundo de los sueños, meciéndose de vez en cuando inquieto por los mosquitos que zumbaban cerca de sus oídos.
La noche ya estaba avanzada, cuando los perros comenzaron a ladrar, emitiendo gruñidos ante lo desconocido… Asterio apenas escuchó ladrar a los perros se puso de pie y en un instante, toma la escopeta que tenía preparada, se puso las alpargatas encendió el quinqué y envolviéndose en su cobertor salió a enfrentar al intruso que había osado entrar en el terreno.
Pero misteriosamente los perros antes bravos y gruñones, se mostraban ahora mansos moviendo la cola… Asterio se acercó poco a poco… de repente una suave brisa venida de quien sabe dónde, envolvió al muchacho, un ruido se dejó escuchar. Asterio paralizado veía como el monte se abría formando un camino blanco, muchas risas se dejaron escuchar entonces, risas de niños y niñas, que empezaron a pasar ante sus ojos, todos con la cabeza cubierta que impedía verles el rostro, con una vela encendida avanzaban hasta perderse al otro extremo de la finca. Asterio aún no salía de su asombro cuando de repente se dejaron escuchar cantos solemnes y muchas voces como de jóvenes y adultos, era una procesión de hombres y mujeres que venían cargando muchas imágenes de santos, todos ellos pasaron ante los ojos del joven que inmovilizado no atinaba a hacer algo, al final del cortejo, un hombre alto con la cara cubierta con una capucha, se acercó con una vela más grande y alargando la mano se la ofreció al joven que como hipnotizado por ese acontecimiento solo atinó a alargar la mano y tomar la vela… todo paso en un instante, el quejido de los perros y el frío de la noche le hicieron recobrar de nuevo el sentido de las cosas, con la vela encendida entre sus manos solo atinó a regresar a casa, apagar la vela y volverse a acostar para continuar su descanso nocturno.
El tiempo pasó presuroso, el golpetear de la puerta por las gallinas hambrientas le hizo de nuevo ponerse de pié y estirándose, se dispuso a lavarse la cara, en eso estaba cuando el recuerdo de los acontecimientos de la noche anterior le hicieron palidecer y mirando de reojo hacia la mesa donde había colocado la vela no alcanzó a distinguir nada, un suspiro de tranquilidad se dejó escuchar y sonriendo pensó que todo había sido un sueño, pero al girar el cuerpo… ahí sobre la mesa estaba un enorme hueso humano… ¡el muchacho dio un grito de horror y salió corriendo rumbo al patio trasero de la casa!... Sentándose en una laja, trataba de calmarse, pensando en la mala jugada que sus sentidos le hacían… armándose de valor entró de nuevo a la habitación, pero no era un sueño… en efecto el hueso seguía ahí… en su desesperación y sin saber a ciencia cierta por qué, el joven Asterio, tomó el hueso y envolviéndolo en un mecapal, solo atinó a enterrarlo cerca del mismo lugar en donde se lo entregaron por el misterioso sujeto…
Todo ese día se la paso meditabundo , haciendo poco caso a su madre que le llevó las comidas del día, al día siguiente, en su afán continuo de saber el por qué de los acontecimientos, fue a visitar a don Pedro un noble y sabio anciano que vivía por el rumbo en una casita de paja cerca de su milpa … después de relatarle la experiencia se sentó a escuchar la respuesta del anciano… este cerrando los ojos y después de reflexionar un instante le dijo al joven... Tu viste la procesión de los difuntos que por estas épocas vienen a visitarnos, los primeros que pasaron fueron los niños pues a ellos primero se les recuerda y vienen felices a buscar lo que sus parientes con tanto cariño les han preparado, no es que vengan por cosas materiales, sino por la esencia de cariño y recuerdo por lo que los suyos les preparan sus altares… después viste la procesión de tantos hombres y mujeres, que por igual vienen a buscar la esencia de las oraciones y cariño de los suyos, por eso traen las imágenes de los santos, porque a través de ellos sus parientes le piden a Dios que los libere de sus dolores y pesares; al final el hombre alto que te dio la vela es el guardián de los difuntos que con su presencia hipnotiza y seduce a los vivos, los debilita y les ofrece una vela para encerrar su alma y llevarla en la procesión hacia el más allá y lo que más me preocupa es que tú has tomado de sus manos la vela que se ha transformado en hueso de muerte…
El joven Asterio tragando saliva y lleno de miedo solo alcanzó a balbucear…¿y qué puedo hacer?...
Don Pedro mirándolo fijamente le dijo…¡Escúchame con atención!; la próxima semana, a la misma hora, en el mismo lugar, se va a presentar de nuevo la procesión que regresa al más allá, estate ahí parado, con la mano extendida, no demuestres miedo, reza… cuando sientas que alguien te toma la vela, suéltala inmediatamente… y todo habrá pasado…El muchacho dándole gracias a don Pedro, se dispuso a repasar mentalmente todo lo que el anciano le había mencionado.
El resto de los días se la pasó cabizbajo, incluso se le notaba enfermo, y ante las insistentes preguntas de su madre, siempre respondía… es nada, como robot hacia los quehaceres de la quinta, mientras que por dentro el ansia de que todo acabase se dejaba sentir.
Era el día marcado, transcurrido ya una semana, ese día se levantó temprano, hizo todos sus pendientes en menos tiempo del esperado, y desde la tarde se sentó en la vieja silla de la casa, pero más tardaba en sentarse que en volverse a levantar nervioso como estaba.
La noche hizo su aparición, el viento fresco y nocturno golpeaba de vez en vez las ventanas de la casita, haciéndola chillar, la neblina ya inundaba todo el exterior, el quejido lastimoso de los pájaros de la noche se oía en el exterior, mientras los grillos entonaban por enésima vez su misma melodía… un sopor le invadió de repente, fruto del estrés y de las malas noches anteriores… se acurrucó sobre la mesa y después sólo silencio…
Los ladridos de los perros lo despertaron cercana la media noche, sin pensarlo dos veces se incorporó presuroso, tomo el hueso que horas antes había desenterrado y salió a toda prisa de la habitación, para pararse en el mismo sitio que la semana anterior y sosteniendo el hueso firmemente con una mano, misteriosamente, el hueso se transformó en una vela, que al soplar un viento fresco y escalofriante se encendió como por arte de magia… de repente sus narices se inundaron de infinidad de olores culinarios; olor a relleno, de tamales, dulce de calabaza, de yuca, de mucbil pollo recién desenterrado…chocolate recién batido… en fin infinidad de olores de comidas y dulces que se colocan en los altares…
El monte se abrió, dejando de ver de nuevo el sacbé, en sentido contrario al de la semana anterior aparecieron los niños y niñas corriendo llevando en sus manos dulces y regalos… los adultos aparecieron a continuación cantando cantos alegres, llevando en sus manos unos y en sus mecapales otros, todas las comidas y regalos que sus parientes les habían obsequiado, iban felices avanzando por el sacbé.
Aquel hombre alto y misterioso se detuvo frente al muchacho que rezaba en esos momentos… fueron fracciones de segundo que parecieron interminables, finalmente el sujeto misterioso tomó la vela, que el joven soltó al instante…el monte dejó pasar al último caminante y después se cerró…
Asterio dando un fuerte suspiro, para jalar aire, cerró los ojos… sintió que todo giraba a su alrededor y después… solo obscuridad…
Al abrir los ojos, a lo lejos una luz se divisaba, una luz que lo invitaba a caminar…sintiéndose flotar, Asterio se dejó llevar, hasta llegar a un lugar hermoso, lleno de flores y árboles frutales, el sol iluminaba espléndidamente, el clima era agradable y fresco…
A la sombra de una gran Ceiba se encontraba su abuelo vestido a la usanza antigua, todo de blanco, sentado sobre una gran laja blanca, llamándolo por su nombre el abuelo le invitó a sentarse a su lado convidándole del rico pozole que estaba tomando y contándole tantas cosas de ese mundo donde ahora vivía; eso hizo que Asterio recordara su infancia cuando el abuelo le contaba historias maravillosas y sus tantas aventuras, era en realidad un momento maravilloso donde se sintió feliz de nuevo…
Asterio, Asterio, repetía su padre con insistencia… el joven entreabrió los ojos y se incorporó de golpe, todos los ahí reunidos lanzaron un grito de asombro… Asterio se sintió como bicho raro, era observado por tantas personas que hace tres días que lo habían encontrado como muerto… parecía que su alma se había ido para otra parte, pues aunque respiraba no podía despertar de su sueño… entre las personas ahí reunidas solo don Pedro sabía en realidad lo que le había pasado al muchacho… pero no dijo nada, no era el momento para hacerlo…
Los Padres del joven lo abrazaron efusivamente, lo mismo que sus hermanos… era de día, el sol brillaba esplendorosamente… Asterio se sintió muy feliz de saber que era apreciado y amado, entre risas y bromas se sintió más vivo que nunca, pero nunca olvidó la experiencia de esa noche…
Estas solo en casa, la noche está muy avanzada, los perros ladran, si de casualidad te pasa algo semejante no tengas miedo… reza… si agarraste la vela devuélvela, si no la devuelves ¿qué pasará? no lo sé… pues nadie ha regresado para contarlo…
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fcarmen [8/26/2010 3:29:52 PM]
bonita historia, siempre la he leido, pero hoy la encuentro muy bien narrada, el escritor nos deja que pensar, pero no hay que tener miedo sino respeto a todo lo relacionado como sobrenatural, sin embargo yo vivo cerca de la barda de un cementerio y jamas he sido asustada, pero si he visto al hombre negro con sombrero grande y al dia siguiente una triste noticia que yo ya sabia... bueno me despido a seguir con la incognita realidad o fantasia jejeje.
Lucy [8/27/2010 2:01:11 PM]
Buen relato donde recordamos las tradiciones de nuestro pueblo, me encata el suspenso con la que lo narra. Saludos y abrazos P. Rafa.
rosana alejandra [8/27/2010 2:48:29 PM]
bonita historia rafita... se te quiereeeee....:)
ktrina [9/2/2010 12:43:39 PM]
son estos relatos los que hacen que nos recuerde a nuestros queridos viejos. y transportarnos a sus tiempos. buen relato...... saludos.
