Promoviendo la Responsabilidad y Participación Social de los Umanenses
 
 

Mi flor de Mayo (En mi recuerdo de mi madre)

Al entrar a casa, después de las clases, la fresca sombra del tamarindo me da la Bienvenida, el olor a albahaca y yerbabuena inundan el aire de frescura y alegría, mientras las rosas bellas y tiernas, no queriendo quedarse atrás perfuman con sus exquisitos aromas el ambiente.

¡Qué feliz me siento!, ¡estoy en casa!, pienso en mis adentros, mi corazón late acelerado, mientras la vieja casa de piedra, con las puertas de madera bien abiertas, me invita a pasar. Dejando mis libros sobre una silla, salgo inmediatamente a la parte posterior del jardín; donde las dalias rojas, las blancas azucenas y las demás flores danzan graciosas acariciadas por el viento. Y es ahí, al lado de un montoncito de tierra recién escarbada que la descubro a ella… mi flor de mayo, mi morena… mi madre… espontáneamente dejo escapar un grito nacido de lo más profundo de mi corazón…¡Mamá!!!… Ella, al escuchar mi voz, alza la cabeza y me mira, me mira con sus ojos oscuros y profundos mientras que en sus labios dibuja una materna sonrisa.

Sin pensarlo dos veces, me encamino hacia ella… la abrazo, ella también me abraza fuerte, mientras me dice con voz tierna… ¡pequeño mío!, ¡pequeño mío!… las flores del jardín como multicolores testigos bailan jubilosas al compas del viento.

Ya no recuerdo cuantas veces esta misma escena se repitió por tantos años; las flores, el viento, mi madre, yo… años, que no pudieron cancelar el cariño inmenso entre nosotros dos.

Si, en verdad, era mi alegría verla a ella sonreír, gozar de su presencia, del sonido de sus carcajadas que taladraban mi joven corazón sin causarle el más leve dolor, por el contrario sus carcajadas me enseñaban a disfrutar de las cosas simples y a gozarse en ellas, como regalos preciosos de Dios.

Recuerdo cuanto me regocijaba al tomar entre mis manos la tierra fresca y prepararla para las flores del jardín, flores que ella con su “buena mano” trasplantaría aquí y allá… flores grandes y pequeñas, de fragancias exquisitas, que con sus colores ornaban nuestras cotidianas vidas.

Tantos años transcurridos y las flores que mamá trasplantó en mi corazón se han conservado intactas en el feliz recuerdo de un pasado que florece en el presente.

Hoy camino de regreso a casa, de donde partí hace algunos años hacia tierras lejanas, que el buen Dios en su infinita providencia quiso que yo conociera. De lejos diviso el tamarindo… un ansia me invade, acelero el paso…y en breves instantes me encuentro de frente a la reja de entrada…La fresca sombra del tamarindo me recibe, el olor a albahaca y yerbabuena inundan mi ser, las rosas bellas y tiernas perfuman con sus exquisitos aromas el ambiente…

¡Estoy en casa!!!…pienso en mis adentros…mi corazón late acelerado…la vieja casa de piedra con las puertas de madera bien abiertas me invita a pasar, dejo la maleta, que llevo en la mano sobre una silla, e inmediatamente salgo a la parte posterior del jardín…las dalias, las azucenas y las demás flores me miran asombradas; con la sangre golpeándome al pecho, miro hacia donde estaba el cerrito de tierra… todo parece igual… pero eso no es cierto…a ella… no la encuentro…¡mi Morena!, ¡mi Madre!… ¡hace algunos días que se ha ido al cielo!!!…¡se ha ido al cielo!…Una lagrima brota de lo más profundo de mi ser…¡Mamá!… exhalo mientras me dirijo al mismo lugar donde tantas otras veces la abrace… no pudiendo contenerme más, me derrumbo, lloro…ella ya no está…ahora… con su “buena mano” siembra las flores celestes…la hace de jardinera en el cielo… de eso estoy seguro…Cierro los ojos y la recuerdo, su risa, su carcajada, sus ojos oscuros y penetrantes, su tez morena, como la mía…

El viento sopla ligero, es atardecer en el Mayab, una fragancia celeste inunda el ambiente…suave, ligera, tierna… me acaricia, me abraza y con voz de viento me sonríe, me deja escuchar una sonora carcajada…abro los ojos… mis lagrimas se han secado… mi tristeza ha escapado con el viento, sonrió, mi corazón dice en silencio, ¡mamá!… mientras que una paz inunda todo mi yo, mi mirada se posa en lo alto del cielo y un gracias de todo mi ser, se eleva a mi Dios, pues se que Él ha querido que mi Flor de Mayo florezca en los jardines eternos, pues en esta vida, ella florece en mi, en mis hermanos. Cuan simple es ella, tan dulce y tierna, ¡florece flor de mayo!!! Madre Mía, y allá en el cielo sonríe y pide a Dios por nosotros tus hijos para que un día también nosotros florezcamos en el jardín eterno; y alguna vez en este lugar de encuentro tu y yo podamos de nuevo abrazarnos mientras yo te digo ¡Mamá!, mientras tú me dices ¡Pequeño mío!!!…¡Pequeño mío!!!

29 de Abril de 2001.

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Las opiniones expresadas a continuación son los puntos de vista de los cibernautas y no de la Voz de Umán.

el autor [5/10/2010 1:01:11 AM]
Mi regalo, mi admiración, mi respeto a todas las flores de mayo en su día ¡Feliz día de las madres!

CARLOS Y LUPITA [6/11/2010 10:54:28 PM]
VERDADERAMENTE HERMOSO O COMO DICE LUPITA ... MUY TIERNO. ESCRITO CON EL CORAZÓN. DIOS LE BENDIGA

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